Hacer que funcione.
No es hasta que crecemos que entendemos la importancia de la reciprocidad y el intercambio en ambas vías. No es hasta que le hicimos daño a alguien que entendemos porque hay transacciones en donde es injusto ser egoísta. No es hasta que nos rompimos en pedazos que entendimos que darlo todo no siempre es valentía, ni tampoco debemos hacerlo para demostrar que tanto nos importa alguien, porque podemos quebrarnos y eso duele. La reciprocidad es vital en cualquier relación que pongamos sobre la mesa, una amistad, un noviazgo, tu trato con tu madre o tu padre, en fin... ¡Ojo! No hablamos de una reciprocidad entendida como la famosa -Ley del Talión-, “ojo por ojo, diente por diente” en donde lo que recibas de mí va a estar directamente relacionado a lo que yo reciba de ti, sino una reciprocidad natural que haga que la voluntad de intercambio sea mutua. En donde yo me entrego de cierta manera a hacer que esto funcione porque “me nace” y recibo de ti todo aquello que te d...